martes, 10 de marzo de 2009




LA PERMANENCIA
[Soy la estatua de sal que tocaron tus dedos]

Permanece así, quiero mirarte, estoy mirándote, no recuerdo desde cuando (se me agotó la memoria) aunque me parece que ha sido desde siempre. Mis ojos tienen tu brújula, van directo a ti, como si nunca hubieran hecho otra cosa. Sigo mirándote, sí, exagero, pues parece que acaricio tu frente, tus hombros, pero sin dedos, sin pausas, cada instante, ajeno, como si fueras un halcón extravagante, de mirada torva y plumaje exótico, en peligro de extinción, cercado por un cristal contra balas, pero a fin de cuentas mío, a través de obscenos ritos y formulismos viejos.

No te acerques, no soporto, me cuesta mantener a raya la ley de atracción universal, pues lo que más anhelo es fusionarme en total entrega. Ruedo hacia atrás los ojos y no me queda la menor duda, nunca te había visto como ahora, tu boca para mí, tu cuerpo adormecido por mi aroma, tus manos, me gusta ver tus manos cargadas de piel, sensores que estallan contra mis paredes. Veo la ternura de tus ojos buscar en los míos hasta dónde hacerme daño, hasta dónde conocerme, hasta dónde trastornarme y te detienes, justo a tiempo, para no herirme, para darle segundas partes al misterio, y entonces me dejas un beso de silencio sobre la boca que ha cesado de pedir y se queda quieta, callada, como niña temerosa.

Permanece así, es ahora tiempo de que tú me mires. Quiero describirte el paisaje, pon atención: en el ángulo superior izquierdo de mi rostro, se agita una rama, parte de un viejo roble que sembraron mis padres. ¿Ves al animal que habita dentro de mis ojos? La rama cubre con pudor su brillo furioso, porque de tanto amarte, teme en el fondo dejarte ciego o con resplandor profano convertirte en estatua de roca. Permanece así, mirándome, muchos días, muchas noches, levanta mi voz de lo profundo, en este caso, mi piel quiere ser canción entonada por tus dedos, y mis brazos, para sentirse rosas, buscan refugio en el hueco de tus sueños. Voy a soplar para ti cometas de azul y aromas de atardeceres. Si este adagio tuviera nombre, seguramente llevaría tu nombre, si tuviera tacto se anidaría en tu espalda, si lo habitase sabor, serían manzanas verdes, si tuviera silueta sería la irregular figura de tu sombra. Recuerda que la caricia que no te he dado, se me esté volviendo espuma y se desvanece sobre la playa que recuerdan mis manos. Quién pudiera ser tiempo, ir, llegar, venir, pasar por las montañas y luego por las planicies de tu mirada. Sé que algún día entrarás completo, algún día, entre mis labios, sentirás su sabor, su calor, curtiré con gardenias la piel que te envuelve, desde las orejas hasta los talones. Mi beso, tu boca y mejilla serán una sola cosa.
Esta noche, cultivo una estrella blanca para ponerla en tu frente cuando me hospede en el último lunar de tu cara.

6 comentarios:

La sonrisa de Hiperión dijo...

trato hecho lo de la cebolla
jajajajaja
saludos y un beso

"Yo En Resistencia" dijo...

Es un objeto muy poco romantico...espero con ansia...





LIBELULA VIVIENTE

Imaginario dijo...

exelente entrada! te felicito por tu blog! es hermoso saludos!!!!

"Yo En Resistencia" dijo...

Y yo como siempre te lo agradezco amigo imaginario


Un destello de luz para tus ojos


LIBELULA VIVIENTE

angelcifu dijo...

me parece un relato muy lindo
disfruté leyéndolo...

Gracias))

"Yo En Resistencia" dijo...

Angelcifu, gracias a ti y que bien que lo hayas disfrutado...un beso!!