domingo, 29 de marzo de 2009



CONOZCO TODAS LAS ESTRELLAS

Conozco todas las estrellas que se aferran a tu pecho
las que se colgaron de tus hombros, azules, silentes
esas que se prenden del enjambre de tus labios
no temas
no son otra cosa
que besos líquidos
Impúberes
que persiguen el hermoso pliegue de tu rostro

jueves, 26 de marzo de 2009



AVECILLA

Hoy le concedí la edad de mis alas y la estructura de sus plumas
al aire que respiras…
aunque no sé si regresarás a mi con la ternura de los nidos
¿lo sabes tú?

miércoles, 25 de marzo de 2009



CUENTO HASTA DIEZ

Uno
dos
tres
cuatro
cinco
seis
siete
ocho
nueve...
porque sé que correré hacia ella
cuento hasta diez
cuando recuerdo la esquina de tu boca

martes, 24 de marzo de 2009


HOMBRE IMAGINADO

Había olvidado la gozosa expectativa de imaginarte
porque
te imaginaba indomable
y así trace tu imagen
con el fulgor escarlata de la batalla

te imaginaba virginal
en el umbral de una cueva cristalina
escondido
como animal herido por lanza divina

te imaginaba árbol
verde selva
mordiéndo seductor
con raíces y ramas

mis tobillos

te imaginaba en la montaña como ciervo solitario
en el azul lumbago
como halcón sediento de mi carne
sobre el piélago
pico efervescente de la ola

pero olvide por completo la paradójica tristeza
lo imposible de amarte...
y comencé a dibujarte con lujo de detalles...

domingo, 22 de marzo de 2009



EL HOMBRE SOBRE LA ROCA

Esta imagen me recuerda a un hombre que, de acuerdo a su postura sobre la roca, sueña a distancia luces remotas. Debe venir de un lugar donde el mar es un armatoste inmenso o, según me parece, de un mar que es tormenta, que lo alcanza, que lo moja y lo hace vaivén transitorio. Hoy no navegará (aunque yo lo quisiera bordeando este océano) s obre el límite de sus pasos, ni se calzará las olas y las marsopas adolecerán su aroma. Sus ojos me miran, (alucino que es a mí) pero la mirada da vuelta hacia la izquierda, donde sabe que termina la playa y el mar comienza. El hombre persiste en su abstracción, tiene una evocación de agua, de dulces quimeras en la mirada, sobre las que caprichosamente seguirá dormido: un sólo mar y la memoria ausente. Abre los dedos para sostener el último fusilazo de la agonía.

El hombre ha cruzado el océano, rasga la dualidad de los azules en un intento por adosar la lluvia, de reconciliar gaviotas perezosas y nubes vagas. Algunas palmeras, como meras sombras, se quedan quietas, no hay viento que las sople.

Es una de esas travesías de mar azul y cielo deslucido en la que el hombre da la impresión de estar fusionado al horizonte.